Esto acompaña, no reemplaza atención médica o psicológica profesional. Si sientes algo urgente que necesita atención, llama a los servicios de emergencia.
Después de los terremotos

Luz para Venezuela

Juntos en la calma, el cuidado y el apoyo.

La tierra se movió, y desde entonces cuesta sentir suelo firme. Este es un lugar sereno para hacer una pausa, respirar, orar, meditar o simplemente guardar silencio: lo que funcione mejor para ti. Aquí también encontrarás herramientas de acompañamiento y recursos confiables. Sin prisa. A tu ritmo.

Lo primero

Lo que sientes es humano.

Después de un sismo, muchas personas pueden sentir miedo, tensión, dificultad para dormir o la sensación de que el piso sigue moviéndose. No es debilidad ni exageración: es el cuerpo intentando protegerte. Con tiempo, calma, compañía y apoyo, muchas de estas sensaciones pueden ir cediendo.

Elige por dónde empezar

No tienes que leerlo todo.

Elige lo que necesitas ahora.

Para el alma

Un rincón de oración, meditación, gratitud y calma.

Orar, meditar, agradecer o quedarte en silencio un momento puede ayudar a soltar un poco lo que pesa. No tienes que hacerlo de una sola forma: elige lo que funcione mejor para ti.

Una intención por Venezuela

Desde donde estés y desde lo que creas, puedes hacer una pausa y enviar una intención de paz, unión y restauración para Venezuela. No para negar lo que duele, sino para sostener con amor lo que anhelamos: calma, cuidado, esperanza y fuerza para quienes hoy más lo necesitan.

Entrar al rincón de calma →
Cuidémonos entre todos

Cuidarnos también es ayudar.

El corazón de esto

No tienes que atravesarlo en soledad. Saber que alguien sabe de ti —y que tú sabes de alguien— cambia todo.

No estoy solo/a →

No aumentar el caos

Verificar antes de reenviar, compartir información confiable y elegir palabras que sostengan. No amplificar más angustia sin necesidad.

Cualquier gesto cuenta

¿Quieres ayudar?

Muchos, dentro y fuera de Venezuela, queremos hacer algo. A veces ayudar empieza por lo más cercano: llamar a alguien, verificar información antes de reenviar, donar por canales confiables, ofrecer apoyo concreto o acompañar a quien está solo.

Ayudar también incluye cuidarte. En momentos sensibles, darnos un respiro, centrarnos y reconocer cómo estamos no nos hace menos solidarios: nos ayuda a sostenernos para acompañar mejor, sin culpa y sin agotarnos. Cada gesto cuenta cuando se hace con cuidado.

Ver líneas de ayuda y emergencia →

Saber qué hacer también calma

Si la tierra vuelve a moverse

Después de un terremoto pueden ocurrir réplicas. Algunas son leves; otras pueden sentirse fuertes. Tener un plan sencillo en la cabeza ayuda a responder con más calma.

Durante

Agáchate, cúbrete y agárrate. Métete bajo una mesa firme o junto a un muro interior. Protege tu cabeza y cuello. Lejos de ventanas, vidrios y objetos que puedan caer.

No corras

No uses ascensores ni salgas corriendo por las escaleras mientras se mueve. La mayoría de las lesiones ocurren al intentar desplazarse. Espera a que pare.

Después

Cuando el movimiento haya terminado, procura mantener la calma y seguir tu plan. Revisa si hay heridos, fugas u olor a gas. Si el lugar está dañado o hay riesgo, prioriza salir de forma segura.

Ten un bolso listo

Cerca de la puerta o de la cama, un bolso con lo esencial da tranquilidad: agua, algo de comida, documentos, una lista de contactos, medicinas, linterna, cargador, una manta, un par de cambios de ropa y zapatos cómodos.

Si hay niños o adultos mayores

Acuerda con ellos, con calma, un plan sencillo: a dónde ir, a quién llamar, dónde está el bolso. A los niños, explícales con palabras simples; a los adultos mayores, asegúrate de que tengan cerca sus medicinas, lentes y un teléfono cargado.

Puedes activar las alertas sísmicas de tu teléfono (Android tiene alertas integradas; en iPhone hay apps de avisos de réplicas).

Una carta para ti

Un mensaje para leer con calma, si hoy necesitas sentirte acompañado/a.

La tierra se movió dos veces.
Y, con ella, también se movió algo dentro de nosotros.

Sentimos miedo. Llamamos a quienes amamos con el corazón en la mano. A algunos aún nos cuesta dormir. Otros siguen con esa sensación extraña de que todo todavía se tambalea.

Y está bien sentirse así.

No es exageración. Es el cuerpo y el corazón intentando entender algo muy fuerte.

En estos días, la fe también puede sentirse distinta. No como una respuesta perfecta, sino como una forma de seguir respirando cuando todo parece demasiado.

Esto nos tocó a todos de alguna manera: a quienes están cerca, a quienes están lejos, a quienes perdieron a alguien, a quienes siguen esperando noticias, a quienes ayudan, a quienes tienen familia en zonas afectadas y a quienes sienten ese dolor difícil de explicar al ver sufrir al país.

Por eso hoy no hace falta fingir que estamos enteros.

Tal vez basta con hacer una pausa. Tomar aire. Cuidar a los nuestros. Preguntar por un vecino. Orar, meditar o guardar silencio. Ayudar en lo que podamos. Y sostenernos con más compasión, más calma y menos juicio.

El miedo puede aparecer. Es humano.
Pero no tiene que decidir por nosotros.

También podemos cuidar lo que compartimos. Verificar antes de reenviar. No aumentar el caos. Elegir palabras que acompañen. Buscar información confiable. Dar una mano donde sea posible.

Nos necesitamos todos.
Y cualquier gesto cuenta.

Una oración. Una llamada. Una donación. Un mensaje. Un contacto. Un dato verificado. Una mano cerca. Un pequeño acto de ayuda.

Porque Venezuela necesita oración, sí.
Pero también necesita calma, apoyo, unión y acciones concretas.

Que Dios cuide a nuestra Venezuela: a quienes tienen miedo, a quienes perdieron a alguien, a quienes siguen esperando noticias, a quienes están ayudando y a quienes hoy necesitan sentir que no están solos.

Seguimos contigo, Venezuela.